Cuentos locos

Desde que Maia empezo a pedir que le contemos cuentos vengo inventando una camionada de historias cortitas y pedorras para divertirla nomas, pero hay una historia en la que mezclo realidad con fantasia que con el tiempo fue adquiriendo complejidad. De modo que ahora que mi pequeña esta empezando a leer le estoy escribiendo su cuento. Por ahora yo se lo voy leyendo, pero la idea es incentivarla para que se enganche con la lecto-escritura.

Un fragmento del comienzo:

La Marca del Lobizon

Maia mi hija mayor un dia lo pregunto, y yo sin saber muy bien por que al principio senti la necesidad de contarle la verdad. Asi
que esta es la historia.
Karina, mi señora tiene una fea cicatriz, pequeña pero bien deforme en el brazo izquierdo cerca de la axila, que cuando el brazo esta retraido sobre el costado se asoma un poco por encima del pecho. La version oficial por un tiempo fue que sufrio una infeccion, un herpes que llaman Culebrilla, que se curo con tinta china y dejo esa marca en la piel, hasta que un dia muy particular de nuestro noviazgo tuve que conocer a su familia. Recuerdo que ibamos a ver una pelicula al cine y la pase a buscar por su casa bastante temprano. Ella me presento con su mama Katy y las tias Pastora y Yolanda. Luego salude al papa, Chiche que salia a comprar algo, y que en realidad ya conocia de cruzarlo en el trabajo; y me dispuse a tomar un par de mates hasta que Karina terminara de darse un baño. En cuanto mi chica dejo la cocina la cara de Katy y la actitud de las tias cambiaron dramaticamente. Las tias ya no hacian comentarios elocuentes y Katy se veia muy preocupada y comenzo a hablar bajo y pausado. Me conto con mucha angustia que Karina sufria de un mal terrible que la hacia perder el conocimiento durante horas y actuar como un animal salvaje. Al principio crei que me estaban jugando una broma, pero tenia mucha intriga acerca de como iba a terminar la historia asi que contuve la risa, me quede serio y segui escuchando en silencio. Me pregunto si habia visto la cicatriz del brazo izquierdo y me explico que no se trato de un herpes sino de la mordedura de un animal.
Karina entonces tendria unos 6 años y para aquella epoca el barrio que estaba cerca de Av Marques y la Ruta 8 estaba muy poco poblado. Las primeras casas estaban recien en construccion y un gran descampado permitia ver la rotonda desde unas 15 cuadras adonde aun hoy sigue estando el que fuera su hogar. Chiche, su papa tenia dos trabajos y regresaba por las noches muchas veces con algo para cenar, asi
que los chicos lo esperaban despiertos. Esa noche hacia calor y habia algo de movimiento en el exterior de las casas. Los chicos desde la vereda nombraban las lineas de colectivos que pasaban a tres cuadras de alli y jugaban a adivinar que coche traia de regreso a su papa. En cuanto creyeron ver a Chiche bajar de un colectivo corrieron a su encuentro y en la corrida se les ocurrio esconderse. Fernanda, Carlos y Eduardo se ocultaron detras de un par de autos y un arbusto frondoso en la entrada de la plazoleta. Karina se alejo un poco mas buscando un mejor escondite y llamo la atencion de un grupo de perros vagabundos que hacia unos dias rondaban el barrio. Eran unos tres o cuatro perros flacos y maltrechos que seguian a otro de gran tamaño, pelaje oscuro y enmarañado y ojos encendidos. Habia estado observando expectante los movimientos de los niños, y en cuanto vio a uno separase del resto emprendio la carrera. El papa de los chicos que vio toda la escena desde que bajo del vehiculo tomo la rama de un arbol del piso y corrio gritando hacia el encuentro de Karina. Otro vecino que estaba en la parada hizo lo mismo y entre los dos gritando y agitando las ramas espantaron a los perros pequeños, pero el mas grande siguio corriendo e intercepto a la niña en velocidad, mordiendola en el bracito, tropezando contra su cuerpo y soltandola nuevamente. El perro rodo en la tierra, se levanto aturdido y cuando iba a arremeter contra la niña de nuevo Chiche y el vecino lo alcanzaron con sus ramas y lo hirieron en un ojo. El animal enloquecido de dolor corrio sin rumbo hasta perderse en la oscuridad junto con los ladridos de los otros perros.
Chiche levanto a Karina sangrando y la llevo corriendo hasta la casa. Llamaron a emergencias y mientras esperaban la ambulancia detuvieron la hemorragia como pudieron pero aun asi la pequeña perdio el conocimiento. La trasladaron al hospital de niños donde la trataron por la mordedura con una serie de inyecciones pero no recobro el conocimiento sino hasta dos semanas des
pues. Se levanto como si nada y no recordaba por que tenía esa venda en el brazo.
La siguieron llevando a control porque la herida tardo semanas en cicatrizar y de vez en cuando por las noches tenia fiebre y alucinaba por las altas temperaturas.
Un buen dia la herida cicatrizo, la preocupacion se termino y todos siguieron sus vidas normalmente. Ese dia se acerco a la casa a preguntar por la salud de la pequeña una vieja curandera que vivia a varias cuadras de alli y que se habia enterado del incidente. Les comento que el perro negro se habia cobrado un par de vidas, un nene que ataco en el patio de su casa y un muchacho que aparentemente huia de la jauria y fue atropellado por un camion en la ruta. Dicen que cuando llego la ambulancia los perros flacos seguian aullando al lado del cuerpo del joven, pero el perro negro no estaba y no volvio a aparecer nunca mas.
Katy detuvo el relato un momento con los ojos humedos y me dijo que ese muchacho atropellado debia haber sido el lobizon que mordio a Karina y le transmitio el mal. Me conto que mientras fue una niña no dio signos de la enfermedad, pero a medida que empezo a crecer y su metabolismo cambio, comenzo a experimentar ataques cada vez mas frecuentes y prolongados durante las noches de luna llena. En varias oportunidades la tuvieron que atar con cadenas a la churrasquera del patio dado que desarrollaba una fuerza inhumana y atacaba a quien sea sin reconocer a sus seres queridos. En este punto Katy hablaba en sollozos y termino de decirme que Karina no sabia nada, que despues de cada ataque no recuerda nada y que nadie en la familia habla del tema.
Efectivamente despues de ese dia nadie volvio a hablar del tema y yo me pase el resto de la tarde recordando las noches en que Karina no contesto el telefono.

Nuestro noviazgo prosiguio sin mayores sobresaltos pero las noches de luna llena no nos veiamos. Los años pasaron. Consecuentemente fuimos planificando nuestro futuro juntos y un buen dia nos casamos, primero por civil y luego por iglesia, y nos fuimos de luna de miel a Mar del Plata. Luego de la fiesta mientras todos nos iban saludando porque nos ibamos Fernanda que ya era doctora, me entrego medio a escondidas dos cajas de medicamento y me advirtio que en cinco dias comenzaba el periodo de luna llena, que cada ampolla-jeringa tenia la dosis exacta de tranquilizante y que la aplicara luego del primer pico de fiebre de modo que luego ella no recordara absolutamente nada. Me las arregle para esconder las cajas en el bolso de viaje y en cuanto llegamos al hotel en Mar del Plata espere a que Karina se estuviera dando un baño para abrir una de las cajas y ver que habia.La caja contenia cuatro jeringas de vidrio pequeñas con una medida de tranquilizante dentro, fabricadas en dos piezas que incluian a la aguja inserta en el vidrio, con un capuchon de goma gris para cubrirla. Tenian unas palabras impresas con algunas letras que no son de nuestro alfabeto. Seria ruso o algo parecido. Volvi a esconder las cajas en el bolso entre mi ropa y espere pacientemente.
Cuando llego el quinto dia todo venia bien pero por la noche a medida que se acercaban las 0:00 horas Karina se empezo a sentir cada vez peor. Como a las 23:00 hs empezo a sentir mucho frio asi que fuimos a la habitacion y se metio en la cama. Inmediatamente empezo a balbucear algo incoherente con los ojos cerrados asi que prepare la primer jeringa y aplique la dosis. Se tranquilizo y al rato abrio los ojos. Me recoste junto a ella y quedamos cara a cara. Se quedo mirandome en silencio, pestañando de vez en cuando, hasta que nos vencio el sueño.
A la mañana siguiente no recordaba nada desde el momento en que se acosto. Los dias siguieron asi hasta que la ultima noche que nos debiamos acostar temprano porque viajabamos a la mañana siguiente, me descuide porque quizas ya me estaba acostumbrando a la rutina del tranquilizante, y me quede dormido antes de aplicarlo. Me desperte sobresaltado como a las 02:00 de la madrugada para descubrir que la ventana de la habitacion estaba abierta de par en par y Karina ya no estaba.

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