Es una realidad que

Es una realidad que nadie se anima a decir en voz alta. Nuestra delincuencia es terrorismo desde el Estado. En el gobierno nadie hace nada para combatirla por el costo político que implicaría proponer que se endurezcan las leyes contra el ladrón o asesino. Nada va a cambiar. Transitamos entre el encierro del trabajo y el hogar con miedo del exterior. Y los que tenemos que viajar en transporte público nos disfrazamos de pordioseros para tratar de no ser elegidos por el depredador. La cultura del desprecio por la vida ya está instalada en nuestra sociedad. Resignación. Esto es así.

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