La verdad que no.

No me doy permiso para hablar de política. Simplemente no creo poder defender mis conceptos si son refutados. No tengo la rapidez mental ni las ideas tan claras. Por eso escribo. Llevo semanas con estas ideas y cada vez que me pongo a escribir se me escapan.

Nunca fui un seguidor de una bandera política en particular, a lo mejor porque vengo de un entorno familiar gorila en el que había un acuerdo tácito apolítico, a escondidas con culpa probablemente y a sabiendas de lo malvado que resulta el pensamiento represivo y clasista.

En fin. Me considero independiente principalmente porque no me gustan los fanatismos. Creo que ningún fanatismo llevó nunca a nada bueno a lo largo de la historia del mundo. Siento desde siempre que todos podemos cambiar de parecer, las opiniones son refutables y siempre se puede conocer una mejor idea independientemente de dónde proceda. Los partidos políticos no me sirven. Ni hablar de las personas que los representan. Mi suegro es un tipo simple y práctico y suele decir que no hay que casarse con los políticos porque son todos chorros. Hasta ahora no la viene pifiando.

Lo que sí creo que se puede defender son las ideas y conceptos bien fundamentados.

Pienso en estos accidentados períodos gubernamentales que me tocaron vivir desde la vuelta a la democracia en la que siempre hay dos bandos definidos en pugna por el poder. En algún momento de mi vida estudiantil aprendí que las corrientes políticas se pueden separar entre las que propician la igualdad y las que le dan preponderancia a la libertad. Esto es tan viejo como el mundo pero lo pongo en claro para ordenarme un poco. Entonces por contraste digamos que más libertad implica más desigualdad. En nuestro sistema la guita es más o menos siempre la misma y cuando uno acumula más, otro tiene menos, y por el otro lado si todos tuviéramos todo por igual sería a costa de renunciar a algunas libertades.

El sistema democrático vive meciéndose entre estos dos conceptos y lo ideal sería encontrar un equilibrio que beneficie a todos en algún punto.

El egoísmo y el revanchismo nos está haciendo mierda y en lugar de acercarnos nos marca con más fuerza nuestras diferencias. Es una pelea que a este paso no va a terminar nunca y en la que los más lastimados son siempre los que tienen menos y están afuera del sistema, rehenes en su ignorancia de lo que el gobierno de turno le prometa.

En su lucha cada bando identifica al otro como el enemigo. Enemigo! Es una guerra y no hay tregua ni punto de encuentro. Cada uno defenestra la gestión del otro y desactiva a conveniencia por supuesto, si algo le gusta se lo adjudica y listo. Vale decir que en el plano de las organizaciones políticas no existen inflexiones que demuestren acercamiento real y sincero. Nadie quiere que al otro le vaya demasiado bien y este bipartidismo oculto o no tanto les conviene a ambos. Refuerzo La idea “no te acuestes con tu político favorito porque te la va a poner”

“Pero lo que mí político hace y dice es mejor y más justo” pensarás. No importa lo que creas. Sos un títere y aunque lo niegues o justifiques estás siendo manipulado por tu propia necesidad de creer. Así funciona la política.

Por otro lado está la gente y esto sí que me preocupa.

La Gente.

Sinceremonos primero. El sistema no nos abarca a todos. Los marginales se quedan afuera porque el sistema los expulsa. El que siga creyendo que el pobre es pobre porque quiere me resulta un asco. Punto.

En nuestro sistema la pobreza extrema ya dio varias generaciones y niños que no vieron a sus padres con trabajo formal. Ponele que los adultos ya no sean recuperables, pero no podemos seguir condenando a los niños a una ignorancia estanca que los deja en un estado de vulnerabilidad horrible. Son los finalmente captados por el narcotráfico y las organizaciones delictivas. Negarles el conocimiento, que no sepan cuales son sus opciones es seguirlos empujando para que se queden dónde están. El ciudadano que se cree terrateniente por tener un trabajo formal se queda más tranquilo si el pobre sigue pobre. Se indigna si el pobre tiene un celular. Se olvida que el pobre no vive en las mismas condiciones, si logra comprarse un celular en lugar de hacer una compra mensual en el supermercado es porque su vida es así y no se le ocurre otra cosa. Y acá logré ver cierto paralelismo del egoísmo involutivo de los empresarios argentinos. Me tocó atestiguar testimonios de dueños del boliche que se indignan porque sus empleados cambian de auto pero siguen alquilando un lugar de hacer el esfuerzo para vivir en otra casa u otro barrio. No ven que permanecer en el sistema es apenas un poco menos costoso que tratar de ingresar. Al igual que en la política a ninguno le gusta que al otro le vaya demasiado bien. Pero lo mas feo en el caso de los  individuos es la falta de empatía. Ya no se acostumbra ponerse en el lugar del otro. Es más fácil juzgar y mantener al otro en ese casillero inferior.

Pero por qué a tal le regalan tal cosa y yo tengo que laburar para conseguirlo? La indignación por esa “injusticia” denota más pobreza que la del propio pobre.

Gente que conozco se topó de frente con un aparato de corrupción que opera en los bajos niveles de poder y que beneficia a amigos o compañeros a cambio de favores activistas o votos. Este aparato que repta y se acomoda con cada gobierno y adopta la retórica de turno a su conveniencia, se afianza después de cada reelección y se vuelve impune hasta que viene otro gobierno y se vuelve a acomodar, cambian algunas caras pero el negociador sigue siendo el mismo. Hagamos de cuenta que las altas esferas desconocen estos favoritismos y viven en una nube de pedo creyendo que las multitudes los aclaman con solo la convicción en sus corazones. La realidad es que nadie hace nada por nada. Agradecimiento y apoyo entre el mejor de los casos, pero también existe ese compromiso por lo que podrías dejar de recibir o peor, la negación por no querer pertenecer porque si no apoyas a la fuerza es porque estas en contra. El enemigo otra vez. Esa imposición a los empujones es lo que da bronca y genera enemigos dónde había indecisos. La prepotencia atrasa. Pero pongamos de vuelta las cosas en contexto. Eso que pasaba en una administración de un hospital público en una localidad de la provincia de Buenos Aires multiplicado por cientos de miles en todos el país. Que creen que pasó?

Todos los supuestos beneficiados y excluidos se olvidan mágicamente que SIEMPRE ese regalito es pan para hoy hambre para mañana. El indigente ignorante porque es eso, ignorante. Y el resto? Descubro que siempre se puede ser un poco más pelotudo. Seguimos haciéndole el negocio al que no pierde nunca. Somos unos boludos con inspiración y nos peleamos entre hinchas mientras seguimos pagando la cuota del club que no nos da entradas y nos revisa los huecos mientras el barrabrava pasa por otra puerta.

Seguimos pagando y creyendonos socios del club.

Ahora un descerebrado sicópata nos va dejando cada vez más en bolas y “La gente” no se entera porque más o menos la piloteas pero el pobre se vuelve indigente y nadie se entera. Los beneficios para los deficientes mentales como pasajes con descuento, becas y ayudas varias se van terminando y a nadie le importa ni se entera. Porque “estamos mejor ya” no ven al que se quedó sin un ingreso mínimo y que de a poco vuelve a perder la dignidad y se transforma en el indio que atacaba al fuerte en malón y raptaba a las mujeres blancas. Ahora “merece morir y también toda su descendencia para que no se sigan reproduciendo”. La gente empieza a aceptarlo y un día son todos masacrados porque no había otra opción… y en menos de 100 años nos rasgaremos las vestiduras por tamaña brutalidad.

No cambiamos un carajo.

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